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LAMENTACIONES POR LAS RUINAS DE UR PDF E-Mail


El punto de partida del sufrimiento difiere en cada civilización. Estos fragmentos antiguos, rescatados por la Revista Fahrenheit 451 en su sección "Autores de memoria" le recuerdan al lector que sin importar el contexto del dolor, jamás será ajeno cuando se expresa a través del alma que ha sufrido la desolación.


LAMENTACIONES POR LAS RUINAS DE UR

…Abandonado quedó, el redil se queda al viento.
El búfalo dejó el establo, el redil se queda al viento.
El amo dejó su granja, el redil se queda al viento.
Enlil nos abandonó, el redil se queda al viento.
Nippur nos abandonó, el redil se queda al viento.
Nimmil deja ya su casa, el redil se queda al viento.
……………………………………………………………………………………
¡Ciudad, alza tu lamento; que sea amargo tu lamento!
Amargo sea tu lloro, álzalo tan grande como puedas.
De una santa ciudad destruida el lamento ha de ser muy alto.
Ur la santa, la dormida: amargo sea su lamento.
Ladrillos de la ciudad, alzad el doliente son.
Santuarios de las deidades, alzad el doliente son.
…………………………………………………………………………………
Se desató la tormenta: su aullido sopla en mi alma.
Mujer dolorida soy… su aullido sopla en mi alma..
Se desató la tormenta: saturada estoy de amargura.
Todo el día cayó sobre mí la tormenta de amargura.
Y aunque estoy estremecida, no huyo ante la tormenta.
Nada en el día de consuelo: en la noche todo horror.
Se alzó ante mí un lamento en la noche
y aunque me estremezco de horror, no huyo ante la amargura.
En el sitio en donde reposo vino a dar el torbellino,
y en medio de mi amargura, no huyo ante la tormenta.
Yo, cual vaca que patea el suelo,
Cuando el becerro ha perdido, bramo de amarga tortura:
El horror en mi país reina.
Yo, cual ave sin su nido, hago trepidar mis alas:
mi ciudad fue descuajada de sus cimientos.
Ur yace en tierra; ya Ur no existe.
Yo soy la esposa que llora en Enunkug, mi palacio:
nadie viene a consolarme: mi llanto corre sin freno.
Queda cual cabaña de campo sembrado: toda endeble y solitaria.
Cual tienda que tuvo mercancía y ha sido saqueada.
Cual la troje que acumulaba granos y ahora está llena de polvo.
Cual el redil de un pastor, que emigra y deja olvidado.
Los destructores, Subarianos y Elamitas,
arrasaron mi ciudad: le dieron en treinta siclos.
Cuando su picas derrumban el muro,
gime atormentado el pueblo.
Un hacinamiento de ruina dejaron:
gime atormentado el pueblo.
La reina estaba gritando: “ ¡Ay de mi ciudad, ay!
¡Ay de mi casa, ay, ay, ay!”
Nigal el rey exclamaba:
“ ¡Ay de mi ciudad; ay de mi casa!”
Y yo su esposa decía: “ Destruida quedó, destruida…
¡Ay, Ur destruida quedó: su pueblo vaga disperso!”


Voces De Oriente, Antología de textos literarios del cercano oriente. Méjico: Porrúa, 1990

 

Comentarios
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Anónimo   | 186.85.51.143 | 2010-07-17 16:35:08
bello texto
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